De la cabina a Chicago

Cuéntanos tu historia

Pasaporte detrás de un embajador


Carlos Trestini. 23 de diciembre de 1992. San Diego-Carabobo.

Con una descripción bastante particular y que sin duda ensancha cualquier corazón, Carlos se describe como “orgullosamente sandiegano”, nacido, criado y estudiado, en ese hermoso lugar rodeado de bellas montañas, en el que transcurrió toda su vida llena de recuerdos únicos y muy atesorados, hasta que tocó el momento de partir.

Sus estudios iniciaron en la UE Santiago Mariño, donde cursó sus años de primaria desde el preescolar, de esta institución recuerda su estatus de pública y el hecho de que perteneciera a las conocidas Escuelas Amarillas del gobierno de Salas Feo. La adolescencia, o bueno sus inicios, trajeron a Carlos un cambio, uno de los muchos que la vida tenía para él, el bachillerato o la etapa media y diversificada la cursó en el Colegio Patria Bolivariana, también en San Diego, donde se gradúo como Bachiller en Ciencias, “aunque no estaba muy contento con la idea, pero era lo que había”.

A sus 17 años, vivió una experiencia que pocos tienen la oportunidad, ya siendo Bachiller de la República, hizo un intercambio intercultural y estudiantil en el que estuvo todo un año escolar en Alemania; primera vez que salía de Venezuela. Antes de realizar su viaje a Alemania, Carlos presentó la prueba interna para ingresar a la Universidad Central de Venezuela, ubicada en Caracas, en la carrera de Comunicación Social, “porque si de algo estaba seguro era que quería ser Periodista y estudiar en la Central”. Carlos aprobó y obtuvo su preciado cupo, sin embargo, la vida seguía dándole giros a sus decisiones y con la oportunidad del intercambio en la puerta la decisión fue sencilla, Alemania.

Pero, si algo tiene Carlos es que va por sus sueños y lucha por ellos, así que la Central no se iba a quedar en ilusión, al volver de Alemania, él luchó a capa y espada por su cupo, no importaron los días o con quienes habló, la traba que al principio era no haber entrado el año que presentó, quedó en el pasado y pudo recuperar su cupo para iniciar su formación como Comunicador de la Central.

Sin embargo, tomó un semestre para que a Carlos lo alcanzará la inseguridad que para ese momento sólo empezaba a nacer en nuestra amada Venezuela, ya presentando los parciales finales del primer semestre, a tan sólo semanas de salir, Carlos sufrió un robo a mano armada, hecho que sin duda lo marcó.

“En la última semana de parciales, tuve una especie de trauma recurrente, y no podía usar el transporte público para trasladarme por miedo, mis padres me llevaron cada día a presentar mis parciales, cada día, ida y vuelta desde Valencia a Caracas, para así terminar mi primer semestre”.

A pesar el miedo, Carlos se inscribió en el segundo semestre de la carrera en la Central, pero llegado el momento de volver a Caracas, conociendo los índices de inseguridad, los riesgos y lo vivido, no pudo volver a esa rutina, y fue cuando decidió mudar su sueño de ser Periodista a Carabobo, sí de nuevo a San Diego, en la Universidad Arturo Michelena.

Pero éste es sólo Carlos el estudiante, la verdad es que él es mucho más que eso; tuvo una niñez increíble, tranquila (o eso cree él), armoniosa y muy feliz; siendo el consentido de su familia se describe a sí mismo como un niño ingenioso y maduro, queriendo siempre estar y opinar en las conversaciones de adultos.

Desde pequeño le gustó el mundo del arte, la televisión siempre llamó su atención y el apoyo de sus padres le dio ese plus que necesitaba para cumplir sus sueños.

“Recuerdo que mi mamá me llevaba a Dat TV, un canal de televisión en Valencia, porque yo quería trabajar en TV, y nos tomó alrededor de un año o un poco más y muchas insistencias conseguir un puesto en un nuevo programa de televisión de la época; digo -nos- porque sin el apoyo de mi mamá no sé qué hubiese hecho”.

Con un poco más de 11 años y cursando a penas sexto grado de primaria ya había logrado su primera gran meta de vida, compartiendo sus días entre la escuela en las mañanas y el canal en las tardes.

Pero éste era sólo el inicio, las puertas seguirían abriéndose para él, como en el mundo comunicacional todos se conocen, gracias a personas del canal la mamá de Carlos recibió una llamada con la maravillosa propuesta de un programa de radio hecho por niños para niños, lugar y momento donde su hijo iniciaría el amor por la radio.

En ese programa duró de dos a tres años, de la televisión sí se despidió quizás al año de iniciar; pero con la radio no, con la radio se casó y aún ese amor continúa, aún después de más de 15 años de labor en ella.

Entre relajado y obsesivo

Carlos, quien se considera fiel fan de Shakira desde sus inicios, se describe entre risas como una persona relajada, pero a su vez admite que cuando algo le es de interés o se traza una meta es implacable hasta lograrla, a tal punto que puede ser un poco obsesivo.

“Las personas que me conocen saben que soy muy apasionado, entonces si algo tiene mi atención y quiero que suceda me voy a enfocar 100% en que eso se dé y que además salga excelente, ahora si es algo que no despierta en mí esa pasión la haré más relajado”.

De esas cosas que sí despiertan pasiones, son los viajes, de su niñez y adolescencia agradece a sus padres por tantos viajes nacionales, el turismo dentro de Venezuela jugó un papel importante cuando era más joven y hoy, de adulto, anhela recorrer los pocos kilómetros que aún no conoce de su país natal.

Sin embargo, la salida del país sí sucedió y con ella el conocimiento de otras culturas, en el ya mencionado intercambio con 17 años de edad se muda a Alemania, con otra familia, con quienes tuvo la oportunidad de pasar navidades en Egipto, atesorando grandes experiencias para su corta edad con bucear en el Mar Rojo o conocer El Cairo.

Viviendo en Alemania los destinos estaban muy cerca, por lo que mientras estaba en el intercambio pudo conocer países como Francia, Italia, Austria y República Checa; años después cuando ya había retornado a Venezuela volvió a estos países con sus padres y agregaron otro destino, Hungría. Sin embargo, Carlos quedó enamorado de la ciudad artística de Praga en República Checa, donde le gustaría pasar su vejez si no puede pasarla en Venezuela.

Cuatro tatuajes, un cuerpo

“Hecho en Venezuela”, tatuado en su muñeca desde hace más de cuatro años, cuando ni pensaba que podía ser inmigrante, representa para Carlos permanencia y amor puro, eso que nunca cambiará y algo que nunca quiere olvidar. “Todo pasa” y “Vives sólo una vez” (en inglés), son dos frases que le acompañan a Carlos, una en cada brazo para recordarle vivir todos los momentos buenos o malos con la mejor cara y con el mejor ánimo que pueda. El cuarto tatuaje es minimalista y está a un costado, en sus costillas, un micrófono de radio, lo que representa es más que obvio, amor puro a su carrera y a su vocación como lo es la radio.

Sus tatuajes representan cosas que jamás quiere olvidar, pero también cosas que sabe que pase el tiempo que pase, él las quiera y tendrá en su vida.


Experiencia de un inmigrante


El 17 de mayo de 2018, fue el día en el que Carlos se despidió de Venezuela, sin embargo, ese no era el día inicial, tuvo que adelantar su viaje una o dos semanas porque el Gobierno venezolano anunció que rompería lazos diplomáticos con Panamá, y su vuelo era Caracas – Panamá – Chicago (USA). No sólo cambió la fecha, también tuvo que cambiar la ruta de Caracas se fue a Bogotá, allí pernoctó y luego voló Bogotá – Panamá, para por fin poder tomar el avión a su destino final Estados Unidos; tomándole aproximadamente 48 horas todo el viaje.

Carlos viajó solo, en Bogotá no tenía conocidos, por lo que se quedó en un hotel esa noche, pero en Chicago si lo esperaban, por fortuna una amiga de su infancia junta a su prima, se convertirían en las compañeras y guías por al menos los dos primeros meses.

Actualmente, trabaja para una organización sin fines de lucro, en el área de Comunicación y Medios Digitales, lo que de alguna manera se vincula con su profesión.

Estados Unidos no era una opción

Con toda honestidad, Carlos sí había pensado en salir de Venezuela para su crecimiento o formación académica, incluso pensó en hacer estudios universitarios en Italia, pero nunca pensó en Estados Unidos, primero estaban muchos países europeos antes que éste. Sin embargo, la vida y sus decisiones lo llevaron a Chicago en especial por el apoyo y confianza en la amiga que lo recibiría.

“A este país le agradezco todo lo que me ha dado en estos años, a pesar que no era mi opción uno, ha sido un gran lugar, he crecido mucho y en el presente me siento feliz de estar acá”.

Ahora, ¿Carlos volvería a Venezuela?, esta pregunta siempre es controversial para los inmigrantes, y Carlos no es la excepción, volver a Venezuela es un sueño para él, incluso lo ha soñado un par de veces literalmente, volvería a ver a su familia, amigos y a su ciudad que tanto extraña; sin embargo, mientras más tiempo pasa en Estados Unidos y más se acostumbra al lugar, se estabiliza y demás, ve bastante difícil un regreso definitivo a Venezuela. Pero una buena visita no lo dudaría.

Estados Unidos le ha dado oportunidades, unas mejores que otras, donde se encuentra actualmente es por mucho la mejor oportunidad presentada, espera que vengan muchas más a superarla y seguir creciendo personal y profesionalmente, reinventándose y haciendo esas cosas que no pensaba que podía hacer, pero en las que resulta ser muy bueno.

Pero, así como hay oportunidades hay tragos amargos, oportunidades no tan satisfactorias que si bien es cierto traen enseñanzas a veces están acompañadas por lágrimas, de éstas Carlos recuerda tres:

  • La pérdida de un tío muy querido y cercano a él, pero no sólo el fallecimiento sino seguir el deterioro de su salud sólo por mensajes y video llamas, así como acompañar a su familia en el peor momento por la misma vía.
  • Un día en su primer empleo, era en un restaurante y al finalizar la jornada debía limpiar la cocina, imaginemos el escenario, él siempre dejaba que lo acompañara Shakira pero ese día decidió escuchar radio, justo el programa al que pertenecía cuando estaba en Venezuela; fue todo un shock, escuchar a otros hacer lo que amaba mientras que hacía algo que estaba lejos de querer, fue fácil cuestionarse pero Carlos siguió adelante, fuerte, como siempre.
  • Su ausencia en su propio acto de grado, ese en dónde recibiría su título de Licenciado en Comunicación Social, mención Relaciones Públicas y Publicidad; que terminó llegando en un sobre a su residencia en Chicago, sin toga ni birrete.

Pero en estos momentos difíciles Carlos tiene una filosofía, esa que le acompaña tatuado en su brazo “Todo pasa”, también lo malo.

“En Venezuela dejé mi vida”

25 años de vida dejó atrás en Venezuela cuando decidió salir, todo, su familia, sus padres, sus amigos, lo que era allá, parte de su felicidad, porque a pesar de la situación país Carlos se sentía feliz, haciendo lo que amaba como la radio, en dónde amaba estar.

Y si era tan feliz, por qué se fue, la inseguridad, una vez más lo alcanzó y esta vez no fue la delincuencia armada, que estaba aún peor. Un día mientras ejercía sus labores como reportero del Diario El Carabobeño, fue detenido en la Brigada Blindada N° 41 de la GNB en Naguanagua, dónde no sólo le quitaron todo su trabajo, sino que además registraron todos sus datos, los de su vehículo, le arrebataron sus credenciales; todo prueba de la injusta persecución a los Periodistas venezolanos; esto fue el “ya basta” y lo que marcó el salir del país.

La decisión definitiva llegó a los pocos días de ese incómodo momento de la detención, tras hablar con su amiga y con sus padres, el sí fue rotundo, por lo que compró boleto dejando el margen de un mes para arreglar todas las cosas pertinentes, tanto profesionales como personales; sin embargo, cuando sucede la ruptura diplomática con Panamá decidió adelantar el viaje, ya el estrés era demasiado.

El destino fue Estados Unidos, más por su amiga que por gusto, esa confianza de llegar a casa de alguien que tú sabes que te va a recibir con amor y verdadera comprensión, no se siente con todo el mundo, y aunque quizás tuvo otras propuestas, la muy bien valorada amistad lo trajo a Chicago, donde ya tiene más de 2 años.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.


Retazos de Venezuela


Venezuela para ti es: Mi casa
Comida que más extrañas: La comida de mi mamá
Bebida que más extrañas: Una polar
Una persona que extrañes: Toda la gente que quiero
Un pasatiempo o hobbie que sólo hacías en Venezuela: Hacer radio
Un aroma que sientas que te transporta a Venezuela: El olor a mar
Un momento que te perdiste por no estar en Venezuela: Mi acto de grado
Un paisaje: Las montañas de San Diego (pasando por la autopista)
Una marca venezolana que no encuentras en el país que emigraste: Súper tequeños
Al pensar en Venezuela, ¿qué es lo primero que te viene a la mente?: Felicidad


Redacción: Astrid Pérez / Producción: Simone Monasterio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *