“Los terribles dos”

Opinión

Periodista y lifestyle blogger Yoli Caballero | @miniyoli_


Posiblemente alguna vez hayan escuchado esta no tan usual frase que, según teorías romanticistas inventadas por personas tipo Walter Riso, o el personaje ficticio de Charlotte York en Sex And The City, definen los dos primeros años de algo o alguien –en diversas circunstancias de la vida como la edad, una relación interpersonal, un período o estado emocional– como la etapa de las “pruebas de fuego”. Pues los estudiosos de esta teoría dicen que, al llegar estos dos primeros años, se comienza a generar una cierta asincronía o desacuerdo entre nuestro yo y nuestro otro yo; entre nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Para hacerlo más explícito, es como una llegada anticipada o, en otros casos, una retrospectiva a la adolescencia, etapa en la que adolecemos de una cosa y la otra: ya no somos niños, pero tampoco somos adultos. Dicha adolescencia, se crea o no, llega, va y viene casi en cada una de las distintas etapas de nuestras vidas, como por ejemplo en los dos primeros años de la universidad, los dos primeros años de una relación de amistad o de pareja, de un emprendimiento, de un viaje, de una mudanza, como papás, como jefes, como seres económicamente independientes, y un sinfín de etcéteras que engloban todo lo que transitamos por este corto y a la vez largo período alfanumérico: los por siempre repetitivos “2 primeros años”.

Y, es que parece mentira, pero pasar tanto y tan poco tiempo en dicho tránsito, esta vez fuera de tu hábitat natural, te hace cambiar las perspectivas de casi todo lo que conocías y solías llamar “normal”. Por ejemplo, pasas de mojar tus pies en una playa caribeña de agua salada, a mojarlos en un híbrido de mar, más río que mar, semi dulce y frío que, justamente por lo frío, poco te acostumbras a zambullirte. Es aquí donde te cuestionas si de verdad llegaste a conocer a profundidad eso que antiguamente llamabas hogar, y cuando encuentras la respuesta, no te queda otra que hundirte en un pantano infinito de pensamientos retrógrados, que inconscientemente te hacen aborrecer esos dos primeros años de estadía casi definitiva en la que te encuentras.

Luego recuerdas que no es tu lugar actual, no son las personas que te rodean, y no son los acontecimientos vividos. Recuerdas que todo comenzó a finales de los 90’ cuando, bailar Everybody de los Backstreet Boys, y Baby One More Time de Britney Spears, era el último grito, pues pese a los contratiempos de aquella época, bailar estas canciones se convirtió en el epicentro de genialidad y diversión ante cualquier dolor de cabeza que pudiesen tener nuestros mayores –nosotros éramos su escape–. Recuerdas también que no fue tu culpa, ni culpa de tus padres, o culpa del vecino, o de la tía que poco solías ver, no se trataba de inculpar y/o culpar el acto culposo del otro, ya para ese momento cuando lo hecho, hecho estaba, no había cabida para señalamientos, ya todos habíamos caído en la gran trampa, pero lo que no sabíamos era que de ahí no íbamos a poder salir tan fácil.

“Hasta el 2021”.

Hace un par de meses cumplí mis dos primeros años fuera de Venezuela, y la verdad que una lástima que tenga que decir “primeros” en vez de “últimos”, pues claramente faltan más años fuera del tan nombrado y famoso tricolor estrellado, por no decir “por y para siempre”, o “sin vuelta atrás”. Hoy, quiero y no quiero ser parte de ese cuasi país exiliado que andan regados por todos lados… ¡Ya son dos años!, y aunque parezca poco, y otros tengan muchos más, éstos no dejan de ser los peores. Es cuando entras en esa etapa de ser el nuevo no tan nuevo del cuadro, cuando ya no es tan fácil echar para atrás, aunque no te sientas del todo bien, y cuando tienes que sí o sí seguir caminando hacia adelante, gritando al aire: “¿cuándo acabará esta adolescencia?”. Qué situación tan frustrante.

Sin embargo, el ser humano, casi por naturaleza, tiene el súperpoder de adaptarse a casi todo lo que le acontezca, y he aquí los X-Men venezolanos que actualmente andan recorriendo el mundo, la gran mayoría por obligación, y por causa de esa “revolución” impuesta por aquel circo fatal de malos payasos, quienes parecieran que hicieron un pacto sellado para cumplir lo que su líder tanto vociferó: “hasta el 2021”. ¿Será realmente ésa la fecha del cierre del freakshow? ¿Será antes? ¿Será después? ¿Será? ¿Cuántas interrogantes más tendríamos que hacernos para encontrar una respuesta? ¡Cuántas interrogantes!

Es aquí donde volvemos a la teoría de “los terribles dos”, los terribles dos años más que nos quedan –a muchos– estar lejos de la burbuja sobreprotectora, de ese dialecto jocoso, de ese olor que expide la olla de presión de la matriarca cuando de granos oscuros se trata. De la luz, el aroma, el desierto, selva, nieve y volcán… Por otro lado, hay que verle el lado positivo, esto quiere decir que nos tocará seguir desarrollando nuestros súperpoderes, para así seguir combatiendo esos por siempre repetitivos dos primero años, y hacer de lo terrible no más que algo pasajero.

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