¿Se rindieron los venezolanos y ganó la dictadura? 

Opinión

Abogado y Periodista Rafael F. Collins


No hace falta explicar mucho sobre esto pues es una sensación generalizada tras el fallido “quiebre militar” del pasado 30 de abril donde se vio a Juan Guaidó, presidente (e) de Venezuela, junto a Leopoldo López a las afueras de la base militar “La Carlota” en Caracas, acompañado con un grupo de militares, que al final del día no creció mucho mas de allí y el movimiento que estaba destinado a “cesar la usurpación” ese día, fracasó. 

Tampoco voy a elucubrar sobre las razones detrás de ese fracaso, en cambio solo quiero hablar de esta sensación de desesperanza casi general que nos dice: una vez más la dictadura ganó. 

¿La dictadura ganó? Ningún régimen que cause tanta controversia mundial gana de forma definitiva, de momento y previo análisis podemos lamentablemente decir que sí, que este impulso que comenzó el 23 de enero con la juramentación de Juan Guaidó terminó un ciclo y perdió. Lo que no significa que en en los próximos meses no se pueda abrir un nuevo ciclo de lucha que sí sea exitoso. 

Ahora ¿qué pasó? ¿Cómo llegamos a perder este primer ciclo de oportunidad que nos llevó mas cerca que nunca a conseguir la libertad y quedamos con esta sensación de desesperanza? Dos principales razones: una conducción política desenfocada y la protesta inútil. 

Me explico: los venezolanos estábamos a finales de 2018 agotados de la dirigencia política opositora tradicional, pero tampoco teníamos algo más que los sustituyera, así es como aparece Juan Guaidó, una cara casi desconocida y logró unir los deseos de cambio a través de una ruta de tres partes: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. El problema que al final arrasó con la posibilidad éxito fue que, quienes dirigen esta ruta por alguna razón que no soy capaz de precisar, se enfocaron en el paso dos, sin concretar el primero, así las cosas los primeros esfuerzos, cuando se tuvo el apoyo regional mas sólido se desgastaron en una necesaria pero insuficiente “ayuda humanitaria” y en la discusión y aprobación del “estatuto para la transición”, mientras en paralelo convocaban a los venezolanos a marchas, cabildos y concentraciones masivas, que terminaban en lo que yo llamó “una protesta inútil”, porque una vez pasada la euforia, la gente se dio cuenta que los convocaban a las calles para escuchar el mismo discurso una y otra vez. 

Esto trajo como consecuencia que se produjera un fenómeno natural, y es el que, si una persona siente que su presencia en un lugar o actividad es inútil, y no tiene propósito u objetivo claro, mejor será enfocar sus fuerzas en algo que si los tenga, cómo conseguir dinero, comida, medicinas o incluso divertirse. Así las actividades de calle fueron quedando vacías. Lo más triste es que la dirigencia lejos de corregir, continuaron en la insistencia de este tipo de actividades de calle, bajo la denominada “operación libertad”, cuyo punto determinante fueron los hechos del 30 de abril que demostraron que la única estrategia real que tenían era el quiebre interno de la Fuerza Armada Nacional que no se dió. 

En toda estrategia lo lógico es que al no tener éxito el “Plan A”, se pasé al “Plan B”,  pero para desgracia de un país entero, parece que no hay “Plan B”, que no hay capacidad de reconocer que el primer intento fracasó y es necesario pasar al segundo. En cambio, en absoluta desconexión no solo con la población, sino con las enseñanzas de la experiencia, se fueron a “dialogar” en Oslo con representantes de la dictadura, como si los nefastos intentos pasados de llegar a un acuerdo no hubiesen enseñado nada. 

¿Significa esto que los venezolanos se rindieron? No, para nada. Significa en cambio que los venezolanos están esperando ser convocados a un segundo intento para lograr cesar la usurpación, pero con la condición que este nuevo intento empiece con el enfoque correcto de los esfuerzos y se les incluya en actividades que si sean útiles para tal fin. Lo complejo es que mientras se da esta “espera”, mueren cientos de ciudadanos por falta de medicina y comida, otros miles se marchan hasta caminando del país, porque solo muy pocos pueden esperar de forma indefinida. Por eso, la pregunta no es si los venezolanos se rindieron, sino ¿cuándo y quién va a tomar la dirección del nuevo intento? No lo sé, debería ser el mismo presidente Juan Guaidó que en lo inmediato de un giro radical a sus actuaciones y muestre mayor seriedad con los verdaderos aliados internacionales que son Estados Unidos, Colombia y Brasil.  

Lo que si me gustaría aclarar es que este artículo lo escribo solo suponiendo que el gobierno de Juan Guaidó está desenfocado en cómo lograr la meta y no que se trata de complicidad con el régimen, porque de ser así, las motivaciones expuestas acá para el fracaso de este primer intento quedan invalidadas y la realidad sería de una devastación inimaginable. 

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